Elon Musk ha demandado a Sam Altman y OpenAI por presuntamente abandonar su misión original sin ánimo de lucro para priorizar beneficios económicos, un juicio que examina si la inteligencia artificial debe desarrollarse bajo control público o corporativo.

El caso, que se debate en los tribunales de San Francisco desde 2024, podría sentar precedentes legales sobre la transparencia en el entrenamiento de modelos de lenguaje.

Hablando con Carlos García, dueño de una pequeña empresa de tecnología en Madrid, me contaba que la noticia del juicio entre Elon Musk y Sam Altman había caído como una bomba en el gremio. "La gente se pregunta si la inteligencia artificial es algo que podemos controlar", me decía mientras se tomaba un café en su oficina del barrio de Salamanca. Según un informe de McKinsey, el 60% de las empresas españolas están invirtiendo en soluciones de inteligencia artificial, pero el 70% de ellas no tienen claro cómo gestionar los riesgos asociados a esta tecnología.

A Carlos no le faltaba razón. La semana pasada, otro compañero del sector le confesó que había dejado de usar ChatGPT por miedo a que sus datos de clientes acabaran en quién sabe qué servidor. Eso es exactamente de lo que va este juicio de control corporativo frente a control público. De quién manda realmente.

Dos visiones que chocan

Elon Musk, cofundador original de OpenAI, demandó a Sam Altman y a la propia OpenAI alegando que la organización ha abandonado su misión fundacional. Recuerda que OpenAI nació en 2015 como un laboratorio sin ánimo de lucro, con la promesa de desarrollar inteligencia artificial general (AGI) para el beneficio de toda la humanidad. No para enriquecer a Microsoft.

Un informe de la Universidad de Stanford apunta a que el juicio se centra en la responsabilidad y la transparencia en el desarrollo de la inteligencia artificial. "La creación de modelos de lenguaje como el de OpenAI es demasiado opaca", señala el documento. Y es que, según el propio Musk, los acuerdos de licencia con Microsoft violan el espíritu original de la organización.

Pero aquí viene lo interesante. Musk no es exactamente un santo desinteresado. Él mismo fundó xAI, su propia empresa de inteligencia artificial competidora. ¿Es esta demanda un intento genuino de proteger a la humanidad o una jugada para frenar a la competencia? Para mí, está claro que hay de las dos cosas. Y probablemente también un poco de drama personal entre dos egos millonarios.

Sam Altman, por su parte, defiende que el cambio a un modelo con fines de lucro era necesario para poder recaudar los miles de millones que requiere entrenar modelos como GPT-4 o el supuesto GPT-5. "Sin dinero, no hay investigación seria", viene a decir. Y lleva razón en parte: según datos del propio OpenAI, entrenar GPT-4 costó unos cien millones de dólares, y las próximas generaciones prometen costar diez veces más.

¿Qué dice la ley?

Los tribunales estadounidenses tienen un lío gordo entre manos. Por un lado, está la legislación sobre contratos y fideicomisos: ¿puede una organización sin ánimo de lucro cambiar radicalmente sus fines sin el consentimiento de los donantes originales? Por otro lado, está la ley antimonopolio: ¿es Microsoft dueña de facto de la inteligencia artificial más avanzada del mundo?

Dato clave

Según un análisis de la revista Nature (2025), el 83% de los papers sobre inteligencia artificial publicados en los últimos dos años están firmados por investigadores vinculados a Microsoft, Google o Meta. La concentración del conocimiento es real.

Aquí en España, la Agencia Española de Protección de Datos ya ha emitido varias sanciones a empresas que usan modelos de IA sin evaluar adecuadamente su impacto en la privacidad. No es un problema de EEUU, es un problema global.

¿Y qué pinta un autónomo en todo esto?

Carlos me miró fijamente cuando le pregunté qué pensaba hacer él al respecto. Su respuesta fue directa: "Mira, yo no tengo el presupuesto de Microsoft. Pero sí tengo que decidir si pongo los datos de mis clientes en manos de OpenAI, de Google o de nadie".

La realidad es que, según un estudio de la Unión Europea (2024), el 78% de las pymes españolas no tienen ninguna política escrita sobre el uso de inteligencia artificial en su empresa. Usan ChatGPT, Copilot, Gemini o Claude sin saber muy bien qué pasa con los datos que introducen. Lo hacen porque es rápido, porque sus competidores lo hacen, o porque un amigo tecnológico se lo recomendó.

Pero el juicio Musk contra Altman está evidenciando algo que muchos preferían ignorar: la inteligencia artificial no es neutra. Quien controla los modelos, controla la información. Y si el modelo lo entrena Microsoft con datos de tus clientes, esos datos dejan de ser tuyos.

Punto clave

La lección para cualquier empresario es clara: usa IA, pero hazlo con ojos abiertos. No asumas que gratis es gratis. Los datos que introduces en un modelo público pueden acabar formando parte del modelo, y eso tiene implicaciones legales y éticas.

El precedente que nos afecta a todos

El año pasado, un juzgado de lo mercantil en Barcelona desestimó una demanda similar contra una startup de IA generativa. El argumento fue que "no existía una relación contractual clara entre el usuario y el desarrollador del modelo". Vamos, que si no has firmado nada, no te quejes.

Pero eso está cambiando. La nueva Ley de Inteligencia Artificial de la UE, aprobada en diciembre de 2024, establece que cualquier empresa que use sistemas de IA debe ser capaz de explicar cómo funciona y qué datos ha usado para entrenarse. Aunque, para ser honestos, nadie sabe muy bien cómo se va a implementar eso en la práctica.

Carlos lo resumió bien: "Al final, todo esto va de confianza. Yo confío en que la IA que uso no va a filtrar los datos de mis clientes. Pero ¿cómo puedo estar seguro? El juicio de Musk y Altman no me da ninguna certeza".

Para mí, ese es el núcleo de todo. Da igual si gana uno u otro, porque el verdadero problema no es quién controla la inteligencia artificial, sino si alguien la controla realmente.

Según datos del INE (2025), solo el 12% de las empresas españolas con menos de diez empleados utiliza herramientas de inteligencia artificial de forma regular. El resto, o bien no sabe cómo hacerlo, o bien tiene miedo. Y con razón.

¿Qué podemos hacer mientras tanto?

Si eres autónomo o tienes una pyme, lo primero es formarse. No hace falta que te conviertas en ingeniero de machine learning, pero sí entender lo básico: qué es un modelo de lenguaje, cómo se entrena y dónde van tus datos cuando haces clic en "enviar". Puedes empezar a formarte en nuestros cursos de formación sobre inteligencia artificial.

En Script Finance, por ejemplo, trabajamos con pequeñas empresas para implementar soluciones de inteligencia artificial que sean éticas y transparentes. Jesús Basterra, cofundador, suele decir: "Si no sabes quién entrena tus bots, no sabes quién controla tu negocio". Y tiene razón.

Lo segundo, y esto es importante, es diversificar. No dependas de un solo proveedor. Si usas ChatGPT para un flujo de trabajo crítico, ten un plan B. Y lee la letra pequeña de los términos de servicio. Sí, esa que nadie lee nunca. Puedes considerar automatizar tareas o utilizar un CRM inteligente para gestionar tus datos de manera más segura.

Ejemplo real

Una gestoría de Málaga nos contó que había perdido el acceso a una herramienta de IA durante tres días porque OpenAI actualizó su modelo y el comportamiento cambió sin previo aviso. Tuvieron que rehacer medio proceso manualmente. No es un fallo aislado.

La pregunta que nadie quiere responder

¿Estamos listos para una inteligencia artificial que sea realmente autónoma? Si ni siquiera nos ponemos de acuerdo sobre quién debe controlar su desarrollo, ¿cómo vamos a gestionar su impacto cuando ya no necesite supervisión humana?

El juicio entre Musk y Altman no es solo un culebrón de multimillonarios. Es un síntoma de algo más grande. La inteligencia artificial avanza más rápido que nuestra capacidad de regularla, entenderla y, sobre todo, controlarla.

Mientras los abogados se pelean en los tribunales, nosotros, los empresarios de a pie, tenemos que tomar decisiones hoy. Y la mejor decisión es no esperar a que otros decidan por nosotros. Puedes contactarnos para obtener más información sobre cómo podemos ayudarte a implementar soluciones de inteligencia artificial éticas y transparentes en tu empresa.