Hace unas semanas, estaba tomando un café con un amigo que acaba de lanzar su propia startup aquí, en Almería. Me contaba, con esa mezcla de ilusión y cansancio que tienen los que empiezan, que la falta de recursos y de una red de contactos local le estaba poniendo las cosas muy cuesta arriba para encontrar inversores y, sobre todo, talento especializado en inteligencia artificial. Y me quedé pensando. Esto no es una anécdota, es la regla para la mayoría de emprendedores fuera de los grandes núcleos. ¿Por qué parece que la innovación solo puede respirar en Madrid, Barcelona o, directamente, en otro continente?
La conversación me llevó a una pregunta que me ronda desde hace tiempo. ¿Y si el futuro de la IA no se escribe solo en Silicon Valley, sino desde los estados, las regiones y los gobiernos? No hablo de sustituir la iniciativa privada, ni mucho menos. Hablo de algo más sutil y, creo, más potente: de que los gobiernos actúen como el terreno abonado donde puedan crecer los ecosistemas locales. Porque dejar que la innovación se concentre en dos o tres puntos del mapa es un lujo que, francamente, no nos podemos permitir.
No es solo geografía, es supervivencia económica
Mira, tengo una opinión quizás impopular: la concentración extrema de talento y capital en IA es un riesgo sistémico. Para el país y para las empresas. Imagina que toda la industria automovilística alemana estuviera solo en Stuttgart. Una crisis local, una fuga de cerebros, y se hunde todo. Pues con la IA estamos haciendo eso, pero a escala global. Silicon Valley, Shenzhen, quizás Londres. Puntos brillantes en un mapa muy oscuro.
Un estudio de 2023 (de esos que lees por encima) señalaba que cerca del 75% de la inversión de capital riesgo en IA en Europa se concentraba en el Reino Unido, Alemania y Francia. España, con todo su potencial, se quedaba con migajas. Y no es por falta de ideas, te lo aseguro.
La descentralización no es una utopía bonita. Es una necesidad estratégica. Cuando el conocimiento y la capacidad de crear valor se reparten, la economía es más resiliente. Pero hay más: la diversidad geográfica trae diversidad de problemas. Un ingeniero en San Francisco piensa en optimizar anuncios o en recomendar series. Un agricultor en Almería, o un fabricante de muebles en Galicia, tienen problemas distintos: optimizar el riego con datos de satélite, gestionar stock con previsión de demanda real, automatizar el servicio al cliente en español con acento andaluz. Las soluciones que nacen de esos problemas son distintas, y a menudo, más valiosas para el 99% de las empresas que no son tecnológicas.
El mito del "si construyes, ellos vendrán" (y por qué está roto)
Los gobiernos, sobre todo los regionales, suelen caer en la trampa. Piensan: "construyamos un parque tecnológico bonito, pongamos un cartel de 'Hub de Innovación', y las startups lloverán". Y no funciona. Nunca ha funcionado. He visto polígonos vacíos con fibra óptica de sobra. El hardware es lo de menos.
El verdadero papel del gobierno, para mí, tiene tres patas, y ninguna es de cemento:
- Ser el primer cliente, y el más exigente. Esto es clave y casi nadie lo hace bien. En lugar de subvencionar a lo loco, que las administraciones públicas (locales, autonómicas) convoquen concursos para resolver sus propios problemas con IA. "Automatiza la clasificación de expedientes en la diputación", "mejora la predicción de demanda en transporte rural", "crea un asistente para trámites municipales". Pagas por un resultado, no por una promesa. Y de repente, creas un mercado real para startups locales. Esa startup que resuelve eso, luego puede vérselo a otras diputaciones, a empresas de logística... Tiene un caso de éxito real.
- Conectar, no solo formar. Los programas de formación en IA están muy bien, pero si ese talento luego se tiene que ir a Madrid para encontrar trabajo, hemos fracasado. La labor es conectar a los recién formados con las pymes de la zona que tienen problemas que resolver. Facilitar esas primeras conversaciones, esas prácticas, esos proyectos piloto de bajo riesgo. El talento se queda donde hay oportunidades, no donde hay diplomas.
- Simplificar hasta el absurdo. La burocracia mata más startups que la competencia. Un gobierno regional que quiera impulsar la IA debería tener una ventanilla única, con personas (no robots) que entiendan de tecnología, para guiar a un emprendedor en todos los trámites: constitución, ayudas, permisos. Que sea rápido. Que sea humano. Eso atrae más que cualquier subvención.
Un ejemplo que me gusta (y no es de aquí)
Mira lo que hizo Estonia. Un país pequeño, sin el peso de una gran industria tecnológica previa. Decidieron, a nivel de estado, digitalizarlo todo y apostar por ser una "nación startup". No regalaron dinero. Crearon un marco legal claro para empresas digitales, una identificación electrónica que lo facilita todo, y una administración 100% digital. El resultado es que hoy tiene una de las tasas de startups per cápita más altas de Europa. Atrajeron talento porque crearon un contexto favorable, no un polígono.
Mis predicciones: lo que veo en los próximos 5-8 años
Vale, aquí me mojo. Esto es lo que creo que va a pasar, basándome en lo que veo en el día a día con clientes y en los movimientos sordos de la administración.
Para 2027-2028, al menos tres comunidades autónomas en España tendrán un "sello de calidad" para proveedores de IA locales. No será solo un diploma. Será un proceso de certificación que garantice que una pyme de Jaén o de Ourense sabe implementar soluciones de IA de forma robusta, ética y práctica. Las administraciones públicas priorizarán a estos proveedores en sus concursos. Esto creará campeones regionales.
La formación se volverá "dual" de verdad. No hablo de FP. Hablo de que las universidades y escuelas de negocio crearán másters co-diseñados con clusters industriales de la zona. Estudiarás IA aplicada a la agroindustria en Almería, a la automoción en Navarra, al turismo inteligente en Canarias. El proyecto final será un problema real de una empresa de tu tierra. El 70% de esos alumnos se quedarán a trabajar allí, porque habrán creado valor desde el minuto cero.
Aquí va mi predicción más arriesgada: Veremos el primer "Fondo de Impacto Territorial" impulsado por varios gobiernos regionales. Un vehículo de inversión que no busque el retorno máximo, sino el impacto geográfico. Invertirán en startups de IA que se comprometan a mantener su centro de operaciones y su I+D en una región de la España vaciada o semi-vaciada. El retorno se medirá en empleo de calidad creado y en productividad generada en sectores tradicionales. Alguien lo hará, y le copiarán.
El cambio no vendrá de que Madrid o Barcelona dejen de ser importantes. Vendrá de que Gijón, Badajoz o Almería dejen de ser irrelevantes en el mapa de la innovación. Se crearán micro-clusters hiper-especializados.
Eso sí, tengo mis dudas. El principal escollo no es el dinero, es la mentalidad cortoplacista. Los políticos quieren resultados antes de las próximas elecciones. Construir un ecosistema lleva una legislatura completa solo para sentar las bases. ¿Habrá continuidad? ¿Se atreverán a no cortar la cinta de nada y, en cambio, financiar durante años un programa de mentorización anónimo? No lo sé.
Al final, todo esto me recuerda por qué hacemos lo que hacemos en Script Finance. Porque la inteligencia artificial que de verdad transforma no es la que escribe poemas, sino la que ayuda a un hotelero de la costa a predecir ocupación, o a un exportador de fruta a optimizar sus envíos. Esa IA nace de entender problemas concretos, de tierra, de aquí. Y si los gobiernos ponen de su parte para que ese conocimiento no tenga que emigrar para florecer, todos ganamos. Incluso Silicon Valley, porque tendrá más y mejores ideas con las que competir.
¿Utopía? Puede. Pero prefiero intentar regar el jardín local que esperar a que llueva en California.



